Juana Molina regresa a Chicago, este Jueves, Abril 10 en el Old Town School Music of Folk y si ya la has visto antes sabrás que en cada experiencia en vivo siempre escucharás una nueva versión de su material.

Desarrollarse artísticamente siendo mujer implica alzar el rostro y contar con el estímulo real de que lo que estás realizando, es lo que realmente quieres hacer, “habrán dedos que te señalen, buenos y malos, pero dedos” menciona Juana Molina en una plática con Susana Hoffman para “Puertas y Puertos”, “necesitas deshacerte de tales para seguir creando”.

Juana Molina esta dedicada a crear, con alma multifacética, esta cantautora argentina es única en especie. En 1988, comenzó su carrera en televisión como una plataforma para obtener suficiente dinero para poder producir su música. Por los siguientes 7 años, se convirtió en una chica exitosa se desenvolvió como comediante y creó su propio show, Juana y sus hermanas en 1991. Sin notarlo se había alejado de la música.

Un día, durante su embarazo de su única hija, decidió dejarlo todo y comenzar nuevamente. Se sumergió en su estudio casero, retomó su guitarra, sus viejas grabaciones en cassette y comenzó a crear su primer disco, Rara (1996); una combinación bizarra en el uso de guitarras acústicas con una voz melódica.

Es entonces, cuando Juana Molina se volvió rara para su audiencia argentina, que poco la reconoció y pedía su regreso a la televisión. Además, su rareza radica en una apariencia delgada, armoniosa, ingenua, dulce, seria, y definitivamente bastante ocurrente, mostrando esto en cada una de sus letras. Molina llegó a pensar que sería de aquellos artistas que nunca tocaría en vivo.

Ya acostumbrada a los procesos de grabación y radicando en Los Angeles compone Segundo (2000). Álbum que llega a oídos de David Byrne y que la lleva a viajar como su telonera a más de 30 ciudades incluyendo Japón, Estados Unidos, Argentina y Uruguay. Cambia la perspectiva de Juana hacia su música y dice que ser un artista en vivo es como darle una nueva vida a la canción cada vez que la tocas.

Pero no fue hasta Tres Cosas (2004), cuando obtuvo reconocimiento mundial. Su tercer disco fue elegido por el NY Times como uno de los 10 mejores:

Son canciones son de una simplicidad como de una canción de cuna, donde se vuelan y funden planos que llenan las composiciones de misterio (“John Paredes, New York Times, 2004)

Definitivamente, la sencillez y comicidad de sus letras y la originalidad de su sonidos provocan conflictos en las mentes de quien escucha su música, los conocedores la consideran inclasificable, al tener un estilo propio, precursor; al público, en ocasiones, les toma tiempo entender su música, muy pocos tienen el tiempo de escucharla 2 veces para tomarle el gusto; y para Juana, es simplemente el hecho de hacer lo que le gusta y no lo que le gusta a los demás.

Es notable las transiciones que demuestra en cada uno de su discos, el desarrollo y la madurez en elementos desde lo más rústico en Rara, la incorporación de teclados en Segundo, el descubrimiento y aplicación de loops en Tres Cosas, regresando orgánicamente con Son (2006) al folk, hasta el material más arriesgado en su carrera con Un día (2008) donde se aproxima al pop convencional. En su más reciente producción, Wed 21 (2013), escuchamos sin duda, una continuidad al resto de su discografía, un género folktrónico minimalista con percusiones incorporadas que reiteran que Juana Molina es una personalidad extraña, diferente y creativa, ajena a su época, denominada por algunos como la mujer orquesta, que jamás te hará dudar de lo que pueda salir de su guitarra y de su voz hechizante.

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