By Jaime Pitillas

Enrique Bunbury nació en Aragón, una provincia española, pero todos los que conocemos su cancionero y su historia, también le conocemos por El Extranjero. Seguramente esta es una de las razones por la que es tan querido en tantas partes del mundo. Desde mi punto de vista, el de un español, es una alegría ver como uno de los míos es capaz de representar a mi país y a Latinoamérica con su música, haciéndolo además como es debido.

Su último disco, Licenciado Cantinas, es una oda al cancionero mexicano, pero con su propio estilo. Esa esencia `bunburyana´ existe en cada una de sus canciones, colaboraciones y actuaciones. El martes, por segunda vez este año, Chicago le recibió con los brazos abiertos.

La banda que acompaña a Enrique—Los Santos inocentes—apareció a la hora prevista en el Congress Theater. El show comenzó con la instrumental “El mar, el cielo y tu”, del compositor Agustín Lara. En los compases finales de la canción, Enrique apareció en el escenario, inmaculado con traje y sombrero rojo, enloqueciendo al público hasta el comienzo de “Llévame”.

Desde que Héroes del Silencio se separan, parece que la creatividad de Enrique se ha expandido, dejándose influenciar por una gran variedad de músicas tradicionales de países muy dispares. Desde el principio, sorprendió con tendencias electrónicas, y después realizó Pequeño (1999), con texturas de música mediterránea y árabe, y Flamingos (2002), que le proyectó como figura individual. Tras ellos, el latin-rock de su doble Viaje a ninguna parte (2004) y otros trabajos interesantes le han convertido en lo que sus fanáticos conocen como `Héroe de Leyenda´.

Las tres primeras canciones fueron de Licenciado Cantinas, por lo que creí que el show iba a estar basado en su nuevo trabajo, pero “Contar contigo” de Flamingos inició un repaso a la amplia trayectoria del cantante: una nueva versión de “La señorita hermafrodita, “El extranjero”, “Puta desagradecida”, y “Los habitantes”. Entre medias, el español seguía homenajeando la música y cultura latina que tanto le ha dado, con “Ódiame” y “El día de mi suerte”.

Enrique Bunbury ha cambiado de banda varias veces durante estos 15 años en solitario. En giras pasadas los instrumentos de viento y metales tuvieron una gran importancia para solidificar el estilo que deseaba, pero su actual acompañamiento no incluye estos instrumentos. Esta continua variación hace que en directo sus canciones antiguas tengan distintos arreglos musicales, armonías y voces; sobre todo voces, porque parece imposible que Enrique cante una igual misma canción. Ventajas de ser un gran cantante.

Durante todo el concierto, los dos guitarristas, Jordi Mena y Álvaro Suite, el multiinstrumentista “reverendo” Rebenaque, el bajista Castellanos y la nueva incorporación en la percusión, Quino Béjar, estuvieron camaleónicos y funcionaron como un equipo: cambiando de instrumentos y roles dentro del grupo, consiguiendo esa variedad musical característica del cantante español. En la batería, como siempre, Ramón Gacías, mano derecha de Enrique desde el comienzo.

“Sácame de aquí” y “Sí” de Adriá Puntí fueron las canciones más celebradas antes del primer bis. Tras una breve pausa, con un Enrique sin chaqueta ni sombrero, el grupo volvió al escenario con “El rescate”, “Apuesta por el Rock n Roll” e “Infinito”: tres canciones muy distintas entre sí, tres éxitos en distintas etapas del cantante. El segundo bis, con la bandera de México sobre el escenario, cerró el concierto con “Lady Blue” y “… Al final”.

El Extranjero encontró en Chicago una afición que le arropa y le admira; nosotros, también extranjeros (mexicanos, puertorriqueños, colombianos, españoles…) nos pudimos sentir un poco más cerca de nuestra tierra gracias a sus canciones.

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